viernes, 25 de marzo de 2016

Aprender ...


Antes pensaba que la base para aprender todo era leer y escribir, sin saber aquello, no se podía leer la historia, ni leer los problemas matemáticos y resolverlos, ni seguir las instrucciones de un experimento, entre otros, por lo tanto no se podía aprender. Todo esto, basado en que aprender es saber extraer información, y la verdad es que, en realidad no es así, el aprendizaje se genera por las experiencias, por las vivencias y por el lenguaje que va comunicando lo que hemos vivido.


De lo contrario, de qué forma un bebé puede aprender gestos, palabras, hábitos si no es por la experiencia y la voz de sus padres, estas experiencias son llevadas a cabo por la motivación a practicar cosas nuevas y ver a otros haciéndolas.

Cada persona tiene dentro de sí un motor que la impulsa a aprender, esa motivación a conocer algo más, a indagar, a vivir, a percibir todo lo que está alrededor. Siempre hemos logrado aprender experimentando, todo lo demás es información que algún día se olvidará, pero lo que vivimos jamás se olvida.  


El experimentar, el aprender por el anhelo de saber, de compartir con los demás lo que estamos viviendo y aprender más de ellos, nos ha quitado el actual sistema educacional, reemplazándolo por el conocimiento de diversas materias de forma individual, sin reparar en el desarrollo de todas las capacidades que tiene cada persona y cómo se potencian cuando se vive juntos.

El segmentar los aprendizajes por asignaturas, ha dividido nuestra consciencia, entonces ya no son evidentes todas las cosas que están para que aprendamos, la naturaleza, la interacción entre pares, el desarrollo del carácter, simplemente porque no están etiquetados como asignatura, por lo que es inconcebible la unión de dos temas “diferentes” cuando en realidad todo está unido y si lo entendemos de esa forma tendremos un conocimiento cabal de todo, dejando de ser buenos en unos temas y en otros no.


Los niños tienen el potencial de aprender sin límites, y nosotros debemos perpetuarlo, siendo como niños. Siendo conscientes de lo segmentados que podemos llegar a ser, y no querer que esto continúe en la generación. Sacando esto de nosotros, podremos aprender de ellos, de su curiosidad y espontaneidad, de su gran capacidad e interés de hacer las cosas en equipos cumpliendo cada uno su función, sin que alguien se la imponga, ya que ellos reconocen las habilidades en los demás.  

Siendo como niños, podremos ver en todo oportunidades de aprender, y ellos aprenderán, comunicarán todo lo que saben y han experimentado, vivirán con la motivación de ser mejores, de ayudarse y estarán interesados en la contingencia de su país y ciudad, contribuyendo en sus comunidades, interactuando con las personas, saliendo del individualismo y la burbuja frágil del conocimiento sin vivencia.


“¿Cuándo iremos de nuevo de excursión?” fue la pregunta de un estudiante de 6 años porque salimos a conocer los árboles. Él y sus compañeros estaban totalmente felices observando, tocando y conversando entre ellos frente a un árbol, finalmente encontraron semillas que les parecieron más interesantes, pero estuvo todo unido y ahora cuidan los árboles e instan a sus compañeros mayores a hacerlo también, siguen recogiendo semillas y están sembrándolas para que mejore el oxígeno. Están aprendiendo.



Los insto a ser como niños, a ver como ellos, a reconocer las oportunidades de aprender en todo y no coartar el potencial. Hay un plan ministerial que debemos cumplir, pero siendo profesionales responsables busquemos estrategias y fundamentos para innovar, no nos quedemos en el “no se podrá”, porque no es cierto. ¡Vamos más allá!